Friday, October 24, 2014

Querido amigo

Suele ser difícil escribir sobre personas que lo han antecedido a uno mismo. Pareciese haber un fantasma que recorre la habitación cada vez que quiero reunir información o empezar a escribir algunas líneas, haciéndome temer caer en alguna trampa enciclopédica o en alguna falacia.
Requiere de mucha valentía repasar la historia, buscar detalles en las fotos, toques perdidos, miradas frustradas, amores inconclusos.
De manera insensata, me atrevo muchas veces a escribir lo que me dicta el instinto.   

Como si fuese una postal de la vida misma, la música de Fernando Cabrera pareciese formar un santo y guía de aquellos músicos que recorren el ambiente de la música rioplatense. Más, aquella música que fusiona ritmos rioplatenses con otros provenientes del viejo continente. Cabrera funciona como mito, mitad olvidado, mita santo obligado de un círculo muy reducido de asiduos oyentes de la música rioplatense. Sin embargo, en cuanto lo encontrás, recaés en que él siempre estuvo ahí, influenciando a muchos de los artistas que gozan de mayor salud en el mercado.
Fernando Cabrera es un músico que no necesita demasiada presentación. Participó del auge de la renovación de la escena musical uruguaya, allá cuando Eduardo Mateo y Alfredo Zitarrosa aún seguían poniendo pie sobre los tablados. Cabrera ha sabido alternar su ardua actividad como compositor, productor y arreglador de una manera admirable y hasta un poco envidiable.

¿Qué es aquello que más importa en la música de Cabrera? Asiduo devorador de literatura, la impronta verbal de sus composiciones refleja una gran importancia del lenguaje hablado. En su voz grave, descuidada, casi altanera y melancólica en gran medida habita un espíritu triste, acaso como si su música fuese un relato olvidado, siempre sucedido e irremediable.
Existe una esencia profunda en la música de este compositor montevideano, que refleja una especie de aroma del río de la plata. Escuchar una canción de Fernando Cabrera es comprar un ticket para un viaje de tres o cuatro minutos a Montevideo. Su música, nos resume costumbres, añoranzas, tristezas e infinidad de sentimientos ligados al sentir rioplatense .
Este decir rioplatense se traduce detalladamente en la canción viveza. Acaso como un recorrido puntilloso por una mañana en el puerto de Montevideo, en la famosa ciudad vieja de esta ciudad, aquí el compositor despliega sus mejores recursos para legar lo que podemos definir como una obra maestra. Así co
mo Goethe con su Fausto o Hesse con su Lobo Estepario, Cabrera nos presenta su visión tan personal de la condición humana.
En esta canción, tan pictórica, con una mezcla de costumbrismo y tradición, se conjuga la visión del vivo, aquel típico personaje que sabe sacar ventaja de toda situación y que sin embargo, en el ajuste de cuentas al final del camino, nunca puede prevenir su patético final.

Cabrera nos enseña que para ser un buen intérprete no hace falta ser un virtuoso. Acaso, el rasgo que define si la música de él agrada o no, es su voz. Un poco medrada por los años, descuidada, flaca, desconsiderada, sus cadencias se asemejan a las del Polaco Goyeneche. No importa lo que le falta a su voz, solo importa lo que en ella habita.      
Últimamente, sobre el escenario podemos escuchar al compositor interpretando esta composición provisto solamente de una cajita de fósforos. Aquí no hacen falta instrumentos; una voz es suficiente para demostrar que el mundo cabe en una caja de fósforos.
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Tuesday, October 21, 2014

Pequeña nota

El sábado 27 de septiembre tuve el gusto de ser entrevistado en el programa de Radio Universidad, Radiofotos.
Marcos Clavellino, el conductor del programa me había propuesto elegir una fotografía que significara algo para mí, para que pudiese llevarla y explicarla al aire.
Esto fue lo que salió.    

Momento del desenlace final de Evangelion, serie de animación japonesa, insignia de los noventa y del comienzo de mi adolescencia. Tal como lo explico en la entrevista, este fotograma resume brevemente varios de los dilemas que se plantean en la serie.


Elegí esta imagen porque traduce la fragilidad que muchas veces sentimos las personas que nos dedicamos al arte. Sincerarse, conectarse, establecer un vínculo emocional, son pocas de las muchas cosas que hay que hacer para conformar una obra de arte.
Es de materia obligada en las entrevistas a directores reconocidos, que se pregunte acerca de las “características” que se necesita para ser un director bueno. Como siempre, la respuesta puede chocar con la vieja concepción del virtuosismo o del talento innato. Otras veces, también decepcionantes, las respuestas se condicen con el dominio de tal o cuál instrumento.
En mi propia y personal percepción, además de los atributos y habilidades que se deben adquirir y estudiar para ser un músico profesional, el director debe ser sincero. No una sinceridad franca de la retórica, si no, una sensatez que permita ser transparente como el agua, para que la música fluya. El director debe ser esa persona que logra anteponer las necesidades de los otros y canalizarlas por el bien común, por el resultado sonoro. El director es el responsable de aunar una visión, de que un enorme número de personas conciban una misma imagen, concreten un mismo objetivo.
El director de orquesta es el político, pero sin la hipocresía, es realmente, el guía, el líder. Aquella persona que cuando ha logrado su cometido, puede dar un paso al costado, agradecer el esfuerzo y dejar el reconocimiento para sus colegas, los cuáles han materializado por unos instantes, el instrumento deseado.
Paradójicamente, esta profesión está repleta de personajes egocéntricos que parecen sacados de alguna saga novelesca. Claramente, la dirección puede resultar un arma de doble filo. Puede ser el camino elegido para aquellas personas que necesitaban armar su propio circo de ego entronizado, o para aquellas personas que saben que la verdad última se encuentra en el momento efímero que dura un fortísimo y que se diluye como un dulce sabor de la frambuesa fuera de temporada. 
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Thursday, September 25, 2014

Versiones

Siempre me gustó buscar excusas para hablar de algún tema. Aquí hay una excusa cotidiana: Tranquilamente me dirigía a una clase andando en bicicleta. La calle estaba tranquila y poco transitada, hasta que repentinamente escucho detrás de mí, música proveniente de un auto en movimiento. El auto pasó a velocidad, pero yo quedé reflexionando acerca de lo que había escuchado brevemente. Claramente era un tema que conocía, pero lo que me desconcertaba era el idioma. Había sido cantado en castellano y yo recordaba una letra en inglés. Teniendo en cuenta el castellano del cantante y el ritmo de cumbia reinante, pude sacar la conclusión de que se trató de un cover, de esos que están tan de moda últimamente.
La situación del auto pasando covers de cumbia me rondó la cabeza toda la tarde y terminé recabando en las características de un cover.
La palabra del inglés, cover significa cubrir en castellano, y en términos musicales significa realizar una versión de una canción ya registrada. El cover funciona generalmente como un homenaje, ya que se supone que se interpretan solo las canciones que a los artistas les agradan o que los han influenciado. En el circuito de la música pop, no solamente se realizan covers de canciones cuyo gusto personal abala, si no que se hacen, aquellas canciones que los productores o discográficas aseguran que darán visibilidad a los artistas. Ejemplos de sobra existen sobre artistas conocidos que, luego de años de poca aparición mediática, vuelven a estar en escena gracias a un cover.
Este momento, es uno de los pocos donde los artistas renuncian a su rótulo de compositores – intérpretes, por solamente, del de intérpretes.

Veamos algunos ejemplos de diferente índole para profundizar en la cuestión.

La banda de heavy metal, O'connor, realizó un disco enteramente de covers llamado “Una cuestión de respeto”. Es interesante fijarse que en YouTube, estos covers poseen más visibilidad y alcance, que los propios temas de dicha banda. Es aquí cuando comprobamos que un cover, como estrategia comercial, es infalible.   
En el caso del tema de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Yo Caníbal , podemos escuchar como solamente, O’connor se propuso “actualizar” la grabación original, sumando una masterización reciente y un sonido digital. Si comparamos el original con el cover, la interpretación es similar a un alto grado, exceptuando la distorsión más comprimida de la guitarra y del bajo, y el tempo más ágil. Con Ana no duerme, de Luis Alberto Spinetta, O'connor despliega varios recursos más, entre los cuáles se encuentra el timbre aguerrido del cantante diferenciado de la vocalidad ligera de Spinetta. Ahora podemos observar como del cover mimético de Yo caníbal, se deja paso a una interpretación más marcada; a lo que llamamos un arreglo.
Ana no duerme revela una composición que ha marcado la experimentación y la ruptura del género canción-rock en la escena nacional. En la versión de O’connor podemos escuchar acentuado el carácter duro y exponente del hardrock, tan característico de la banda. El doble bombo y el cantante marcan el camino para una versión más pesada y agresiva de este clásico del rock argentino. En el caso del colectivo realizado por varios artistas de diferentes bandas, titulado Romaphonic Sessions, podemos ver cómo se acentúa el juego de voces y el estilo experimental-progresivo de esta composición. Por último, hagamos mención a una tercera versión realizada por varios miembros de Massacre en el programa conducido nada más que por la hija de Spinetta, Vera. Esta versión posee la impronta conocida de “canción de fogón”, donde varios amigos se juntan a comer y luego, en un momento de distensión, interpretan canciones conocidas.
Quedémonos un instante en la cuestión cover vs versión. Un claro ejemplo de cover, sería el ya nombrado Yo Caníbal, interpretado por O’connor. Un ejemplo de versión (de manera muy contrastante) sería la del Chango Farías Gómez con Entré en mi pago sin golpear. En este caso, de la forma de chacarera tradicional, se hace incapié en un arreglo mucho más dinámico y osado. El Chango Farías Gómez, pionero en la exploración del folclore argentino, demuestra aquí su estilo más vanguardista y virtuoso, talvez, una impronta que tiene su sello y que ha dejado un huella sin precedentes en el ámbito musical.

Cover o versión, no es solo una cuestión de rótulo, como si se tratase de títulos nobiliarios sin importancia, sino, aquella decisión de aportar algo, de devolver un poco de lo que ha sido otorgado, o de simplemente, una frívola maniobra por volver a los medios.
El cover funciona acaso como un desfibrilador de carreras seniles, o bien como reivindicación y muestra de lucidez de aquellos artistas que, más atentos, han sabido atravesar el arduo oleaje del medio musical. 
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Sunday, August 24, 2014

Andante maestoso

En 1902, con motivo del arribo de un busto de Beethoven a Viena, Gustav Klimt realizó un imponente friso, llamado exactamente Beethoven que fue inspirado por la novena sinfonía del compositor oriundo de Bonn.  Klimt dividió la obra en tres partes, escenificando lo que para él era la superación de la adversidad por medio del arte. Los tres paneles se titulan respectivamente “Anhelo de felicidad”, “Fuerzas del mal” y “Música. El anhelo de felicidad se calma con la poesía”.   

En el libro La Viena de fin de Siglo, Carl Schorske analiza: “El último panel, el más interesante, representa la satisfacción. Contiene la leyenda “El anhelo de felicidad se calma con la poesía”. Aquí, expresa el catálogo, el arte “nos conduce a un reino ideal  donde encontramos felicidad pura, alegría pura, amor puro”. Klimt concibió este panel inspirándose en una frase de la Oda a la alegría de Schiller: “Que ese beso alcance al mundo entero”. Para Schiller y para Beethoven, el beso era político; era el beso de la fraternidad del hombre: “Abrazaos, oh millones” era la orden universalista de Schiller. Beethoven introduce esa línea con voces exclusivamente masculinas andante maestoso, con toda la potencia y la dignidad del fervor fraterno. Para Klimt, el sentimiento no es heroico sino puramente erótico. Y, lo que es aún más notable, el beso y el abrazo se concretan en un vientre femenino. La “huida” característica de las fantasías de omnipotencia narcisista culmina así en la consumación erótica dentro de un útero. Y hasta en ese paraíso, el cabello de la mujer enlaza los tobillos de su amado de ese modo amenazante que hemos visto tantas veces en Klimt”.



La novena sinfonía forma parte de los últimos trabajos de Beethoven y demuestra claramente, el anhelo del compositor de lograr la fraternidad entre naciones y hombres. Nos encontramos aquí, en frente de unas las obras artísticas más políticas del mundo. 
Tal como lo señala Schorske, Beethoven plasma un sentimiento heroico, que luego Klimt transforma con su interpretación en erótico.  Žižek, comparte otra interpretación de la novena sinfonía de Beethoven en su Guía perversa de la ideología -http://youtu.be/XM9erS90gTE El filósofo y psicoanalista esloveno afirma que el texto de Schiller, justamente al incluir a todos los hombres,  es excluyente, armando así un doble mensaje. El texto, supuestamente universal, fue utilizado por la mayoría de los regímes totalitaristas del siglo XX como símbolo, logrando así una paradoja simbólica. Utilizando el personaje de Alex de La Naranja Mecánica, Žižek se pregunta si realmente toda la humanidad está incluida en el texto de Schiller, o si realmente, hay alguien que queda excluido. Alex, justamente se sentía identificado dentro de ese sitio marginado. Es aquí donde la perspectiva ideológica de Beethoven se abre, y donde ejecuta una práctica crítica de la ideología.

En este sitio marginal, podemos situar al protagonista de la serie japonesa Evangelion, Shinji Ikari. Exponente claro del dilema del erizo postulado por Schopenhauer, en un momento clave del desenlace de la serie, Shinji debe ejecutar a la única persona que ha sido capaz de retribuir su amor. De manera grandilocuente, la acción se detiene y Kaworu, la figura amada, cae preso bajo el dominio de Shinji. El plano se detiene totalmente y de fondo se escucha el coro masculino de la novena sinfonía. El texto no se corresponde con la imagen de manera sencilla. La poesía de Schiller pronuncia “¡Abrazaos, oh millones! ¡Que ese beso alcance al mundo entero! Hermanos, sobre la bóveda estrellada, debe habitar un Padre amante ¿Os prostráis, Millones de seres? ¿Mundo presentes al Creador? Búscalo por encima de las estrellas! ¡Allí debe estar su morada!”. Esta estrofa es también la que utilizó Klimt en Beethoven. Es en esta escena donde el protagonista debe sacrificar su deseo individual en pos de la sociedad que clama heroicamente por la fraternidad y la unión de la humanidad.   -http://youtu.be/MLvGOT4sbS4-    

Tal como afirmaba la escritora Ursula K. Le Guin, la ciencia ficción sirve como metáfora de la realidad que permite enfocarse en la psicología de los personajes de manera creativa. En Evangelion, una serie situada en un futuro apocalíptico donde la humanidad se bate a duelo con enorme criaturas en pos de la supervivencia, el relato es, en esencia, sobre el desarrollo de la psiquis del ser humano. Y lo más importante, es que la psiquis central, es la de un marginado, un rechazado, un erizo. No es casual que las frustraciones de Shinji Ikari puedan ser las mismas que las de Beethoven, de Alex o que las de Klimt, ya que todos eran profundamente humanos.
Política o eróticamente, las interpretaciones de la novena sinfonía exceden lo estrictamente musical y profundiza en la política y en la raíz misma del ser. Deberemos seguir buscando ese beso que alcance por fin, al mundo entero.
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Sunday, July 20, 2014

Música para aeroplanos

En uno de sus libros, Daniel Barenboim, el célebre director argentino-israelí, declaró que le gustaba mantener la barrera entre la vida pública y la vida privada. En efecto, hoy en día, con toda la vorágine de las redes sociales, ese supuesto límite se pone en juego en todo momento. Claramente, al abrir este espacio, me hice un planteo el cuál consistía en escribir artículos y notas relacionadas con mi actividad e inquietudes profesionales, y dejar de lado lo personal. Obviamente, nos gustaría conocer datos personales de la vida de Barenboim, ya que su vida pareciera ser de lo más interesante. En mi caso, si quisiera contar cosas personales, mínimamente, tendría que escribir una novela. Hasta que la novela venga, voy a tener que conformarme con pequeños comentarios como éste.

El momento de viajar siempre me ha resultado como un momento de trance, al cual yo denomino estar en tránsito. Mi actividad profesional me lleva a viajar mucho, ya sea en tren, colectivo, subterráneo y otros medios urbanos de transporte. Adoro viajar, especialmente en tren. Cuando hago conexión entre estaciones un día de lluvia, gris e impávido, me siento en un incómodo sillón de concreto y contemplo a mí alrededor mientras espero el próximo tren. Los extraños rostros se suceden uno detrás de otro y para mí, todos son idénticos. Las diferencias no tienen cabida en mi limbo personal.
Ese momento de no tener destino de llegada ni punto de retorno significa mucho para mí. Mientras estoy en tránsito, el tiempo se detiene y ya no importa dónde estoy. Un equivalente a la estación de tren, es el aeropuerto. Conectar vuelos en aeropuertos desconocidos suscita cierto romance melancólico. La experiencia de estar lejos de tu casa, rodeado de gente que no habla tu idioma despierta un encanto que permite visualizar la vida de otra manera. Nunca olvido mis experiencias de viaje, son cosas que se graban a fuego. El encanto de ser un desconocido, un simple número que se desplaza en una suma colosal, es algo que me encanta.


La segunda vez que subí un avión en mi vida, me tocaba viajar de corrido doce horas y cruzar todo un océano para llegar a mi destino. Era un viaje muy especial, ya que suponía completar un importante capítulo de historia familiar. Prácticamente, debía cerrar un libro que llevaba abierto veinte años. Entre los nervios de viajar en avión y los propios nervios personales, no podía pegar un ojo a pesar del cansancio colosal. Como buen nervioso, comencé a toquetear todo lo que tenía a mí alrededor y di con la consola electrónica del asiento, que permite al pasajero ver películas o escuchar música. Recuerdo muy bien el momento en el que, desconfiado de la calidad de la grabación puse a reproducir en el aparato, la Pavana para un infanta difunta de Maurice Ravel. El impacto es casi indescriptible. Por un buen tiempo, me creí Ícaro volando entre las nubes y pude olvidarme del avión y de todos mis acompañantes. La sensación me resultó familiar y recordé que la había tenido doce años atrás cuando, por causa de un accidente, termine siendo trasladado en avión a Capital Federal en avión para ser operado. A pesar de que soy pésimo con los recuerdos, estos los tengo a viva piel y creo firmemente que la música ha ayudado a preservarlos intactos en mi mente.

La primera vez que viajé en avión, iba todavía adormilado por la cantidad de sedantes que había recibido en el hospital después del accidente. A pesar de eso, pude retener todos los detalles. Tenía un walkman con un cassette grabado con las canciones que más me gustaban en la radio. De cabo a rabo lo escuché y durante una hora, las nubes tocaron mis tobillos. Allí donde debía haber paredes de metal y escotillas, solamente tenía pilares mullidos modelados por el viento. La segunda vez, esos castillos volvieron a tomar forma y hasta creo haber visto a la joven princesa que Ravel retrató tan poéticamente.
Estar en tránsito conlleva una melancolía especial. Supone estar yendo a un lugar donde alguien te espera, pero buscás que ese momento no se termine jamás.
Muchas veces, dolido por una de esas tantas situaciones que te recuerdan que el mundo no está hecho de algodón, recuerdo las formas vistas en mi propio limbo y olvido la realidad. Acaso, lo más importante de tener tu propio edén, es poder realizarlo en la misma tierra que vivimos todos. Pedir un poco más, tener un objetivo impensable para los demás es acaso lo que marca la diferencia con el común denominador. Cuando todos somos iguales, lo que realmente marca la diferencia, es la imaginación, ese factor que permite que algunos afortunados tengamos una meta un poco más clara.

*El concepto y la sensación de estar en tránsito se explica a la perfección en la película de Sofía Coppola Lost in Translation.
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Friday, June 27, 2014

Lo que mata es la humedad

Según el pronóstico meteorológico, la semana del 16 de junio fue una de las más frías del año. La humedad, ese factor cambiante e impredecible que no permite prever ningún tipo de medida para protegerse del clima es una figurita repetida en la cotidianidad rioplatense. Nada mejor para terminar esa semana patriótica que ir a ver un concierto por la noche.


Durante el apogeo de la ópera barroca en Italia, el teatro representaba una instancia de encuentro social, por lo cual, la estrella no era tanto la música, si no el codeo social. Las sesiones de ópera generalmente consistían en la representación de una ópera seria de alrededor de dos horas de duración  con un intermedio, en el cuál se representaba una ópera bufa o cómica de una hora aproximada de duración, o la interpretación de un concierto, o algunas piezas instrumentales como divertimentos para distender al público y dar rienda suelta a la charla y el cotilleo. Estas maratones líricas solían durar un promedio de entre cuatro y cinco horas. La importancia de la ópera consistía en el espacio de interacción social que esta constituía para la sociedad del 1700 y la música significaba casi un agregado a la ocasión; tanto que los nobles solían comprar palcos, los cuáles eran remodelados por dentro y hasta permitían la incorporación de una cocina y varias cosas más. Las arias de los cantantes durante el estilo barroco consistían en la realización de las llamadas aria da capo. Estas arias eran concebidas como una forma contrastante (A B A´), donde una primer parte rápida (A) se antepone a una segunda lenta (B), o viceversa. Luego, se vuelve a repetir la primer parte (A´), pero esta vez el cantante utiliza, según su criterio y buen gusto, adornos y otras peripecias para demostrar su virtuosismo. Tanto sucedía esto, que cuando el cantante finalizaba su aria el público rompía en aplausos y vitoreos, y muchas veces se pedía la repetición del aria misma. Esta improvisación y embelesamiento, fue tornándose tan ridículo y pomposo que cuando surgió el clasicismo musical, lo primero que hicieron los compositores fue anular el da capo y escribir ellos mismos los adornos, ya que consideraban que tales licencias para los cantantes lo único que lograban era entorpecer el argumento y la acción sobre el escenario.   

Hoy en día, el panorama musical ha cambiado enormemente y aunque los conciertos de música siguen significando una excusa para socializar, podemos encontrar miles de formatos y géneros para aprovechar nuestro tiempo.

En mi caso, decidí hacer honor a años de escucha y devoción por un cantautor argentino que ofrecía un concierto donde presentaba su nuevo disco. El teatro donde se presentó no tenía palcos, pero sí, sillas y mesas para cuatro personas, donde el público se sentaba y podía aprovechar la ocasión para comer y tomar alguna bebida.
Empezando con la hecatombe, traté de recordar en qué lugar de los afiches o de la promoción se había indicado que se podría comer durante el espectáculo, y también, me esforcé por recordar, donde había sido indicado el detalle de que la función comenzaría una hora más tarde de lo señalado, sólo para que el público tuviese tiempo de ordenar su comida y los mozos de repartirla. Tal como lo pensaba, esos mínimos detalles nunca habían sido informados, por lo cual supuse que eran datos que el público habitué del lugar debía conocer, y yo, como un extraño o un primerizo, nunca fui notificado.
Bueno, una hora de retraso no es un dato grave, pero, como la calefacción nunca anduvo o no fue suficiente, pasamos una hora de frío y aburrimiento junto a mi acompañante. Hasta ese momento, esperábamos con ansias la entrada redentora del artista en el escenario para entrar en calor.
Arranca el espectáculo y podemos contemplar una nueva formación, un cuarteto acústico (dos guitarras, bajo/cello y percusión) que le da un buen color a los arreglos elaborados de temas inéditos. La formación hubiese funcionado bien, con un buen manejo de matices, si la amplificación hubiese sido competente. Saturaciones y desniveles fueron moneda corriente de una primer parte que fue interrumpida por un súbito intervalo, el cual no se supo si fue por cansancio de los músicos o si fue hecho para solucionar las falencias técnicas. Una vez vueltos al escenario, los artistas debieron reiniciar la atmósfera y tratar de salvar a su público de un mar de teléfonos de alta gama, de una desconexión y un frío sideral.
Algunos temas supieron brillar más que otros, y finalmente, el público no se marchó sin dos clásicos bises pedidos en voz alta al autor. Este aprovechó la ocasión para agradecer a los anfitriones por el buen recibimiento (por mi parte, no terminé de comprender si era un mensaje cargado de ironía o sinceridad).
Finalmente, sacamos a cuenta, casi tres horas y media de estadía, con menos de dos horas de concierto neto. El resto del tiempo fueron artificiales: pizzas con poco queso, un clima gélido, parejas que se hablan por celular sin mirarse a los ojos, gente molesta y gente contenta. Queda preguntarse ¿qué espera el público de un espectáculo? ¿Socializar con su pareja o acaso disfrutar de un buen momento? ¿Solo vale sacar una foto o grabar un video para subir a la red?

De nuestro artista no hay mucho que decir, hay discos que gustan más y hay conciertos que gustan menos. Por lo pronto, seguiremos teniendo el recuerdo de una prosa prolija con metáforas profundas, pero siempre garantizando la calidez de una estufa cercana al sillón de nuestro hogar. 
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Sunday, June 8, 2014

Comentario Mainstream #1

Atención: Quien no quiera saber detalles sobre la 4ta temporada de Game of Thrones consideraría oportuno no leer este artículo.
Considérense advertidos).


El video se titula Oberyn vs La Montaña (versión negada) y trata sobre un montaje casero en base a un episodio de la afamada serie de HBO “Game of Thrones” (Juego de Tronos). Para quienes no estén al tanto de la serie, o no la sigan día a día, he aquí un par de explicaciones que merecen la pena.

Tenemos ante nuestros ojos, un juicio por combate. Game of Thrones, al igual que El Señor de los Anillos o Terramar, transcurre en un medioevo alternativo, con mucha magia, sangre, traición, animales fantásticos, y un sinfín de etcéteras. El personaje preferido de la serie, Tyrion, un enano de alta cuna es acusado de asesinato y su destino depende del resultado del combate entre su campeón, otro noble “amigo” Oberyn, y su rival, una máquina asesina caracterizada por uno de los hombres más fuertes de nuestro planeta, La Montaña. De quién quede vivo depende el veredicto divino y la condena del acusado.
He aquí la batalla original (Contiene imágenes “fuertes) (http://youtu.be/QS2IYyywZMs).

Ahora, lo que nos interesa, no es tanto el argumento, si no, esta inteligente versión de cómo debería haber sido el combate. No está de más decir, que en la serie ninguna expectativa se cumple.
Y ahora, podemos ver este video hecho por un fan (http://youtu.be/r8oOi6JOXEQ). Solo basta ver para comprender. He aquí la traducción de las placas que acompañan el montaje:

Buen día HBO, aquí hay algunos comentarios del reciente episodio “La Montaña y la Cobra”. Creo que con un par de pequeños retoques este podría ser un poco más satisfactorio. Sinceramente, Ozzy Man.

#1 Por favor, usen música de Hans Zimmer.
#2 Fantástico, un poco más de tensión
#3 Slow motion (movimientos ralentizados)
#4 Que Oberyn confirme el asesinato
#5 Cortar el lado izquierdo del plano
#6 Tywin debe gritar “Libertad”
#7 Insertar final feliz

El autor del video recomienda en primer lugar, utilizar para la batalla, la música de Hanz Zimmer. Este compositor alemán, especializado en la música incidental, ha realizado la banda sonora de más de un híto de Hollywood. En su currículum, nombre como Gladiador, Incepción, Batman, abundan y sobran. Su técnica consiste en un estilo que se sirve tanto de orquestas sinfónicas como sonidos procesados. En el caso del episodio, podemos ver como los creadores decidieron usar algo mucho más parco y sutil, sin tanto “efectismo”. Restarle  protagonismo a la música lleva a un efecto mucho más profundo, y no importa que le saque “dinámica” al combate, sino que, lo que realmente logra es otorgarle seriedad al asunto, generando más intriga y presión en el espectador, como queriendo sacarlo del sillón.
Este video sirve para ejemplificar claramente la función de la música en el cine o en la televisión. Si nuestro héroe gana, todo será pomposo y derrochará elocuencia. Si no, todo será mucho más escueto, haciéndonos prever que la situación es más grave de lo que pensamos.
Conocer los efectos que la música puede lograr en el público es algo muy importante para los realizadores audiovisuales. A través de los años, diferentes obras se apartan o consolidan maneras de estimular a la audiencia para consolidar una postura o conseguir aprobación o negación con respecto al argumento.
En el caso de Irreversible de Gaspar Noé, podemos ver cómo se utilizaron sonidos graves, casi inaudibles para el oído humano para generar una sensación de incomodidad en casi todo el film.

Para seguir con la música y los estados de ánimo “sugeridos”, podemos ver una secuencia del documental “El artista está presente” sobre la obra de Marina Abramovic (http://youtu.be/traUaknfR5o). Este extracto está analizado de una manera muy sagaz en el blog http://diegoruizmusic.com.ar/2013/06/02/un-minuto-de-silencio-marina-abramovic/ de Diego Ruíz.

Comprender y mantenerse atento a la música puede ser algo que realmente nos permite acceder a un estado más profundo de contemplación ante las películas o cualquier otra obra audiovisual. Una vez que nos percatamos de la función de la música, podemos darnos cuenta de muchas “intenciones” que de otra forma, hubieran pasado inadvertidas ante nosotros.
Esta condición que muchos compositores han buscado generar en el oyente, como público activo o público intérprete se condice con la teoría de Umberto Eco y su concepto de obra en movimiento o del triángulo de la interpretación , constituido por el artista, la obra y el público (oyente, lector, etc.). De manera muy simple, si nuestro campeón pierde nos sentimos enojados porque el resultado no es el que queríamos, y si todo sale como queríamos nos sentimos contentos porque nuestras expectativas se cumplen. Talvez, lo que debería (y hace años se busca) es lograr que el público abandone ese lugar cómodo donde todo sale como uno quiere, donde no hay decepciones y todo parece un sueño. Claramente, ese mundo fantástico no existe pero debería, ya que la realidad es demasiado cruel para soportarla sin recurrir a series de televisión que realicen nuestros sueños.

Entonces, si el arte no redime nuestras frustraciones ¿qué deberíamos hacer?
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