Thursday, July 30, 2015

Eternos y mediocres

“Hablaré por todos los mediocres del mundo.
Yo soy su campeón. Soy su santo protector.
Mediocres de todo el mundo, yo los absuelvo.
Los absuelvo a todos”.

Herr Salieri
en Amadeus, de Milos Forman.

“En la eternidad, sin embargo,
no hay tiempo, como ves:
la eternidad es un instante,
lo suficiente largo para una broma”.

Goethe a Harry Haller
en El Lobo Espetario, de Hermann Hesse.



“Mozart, Mozart ¡Perdona a tu asesino! Lo confieso ¡yo te maté!”. Con estas líneas y en marco de senil desesperación, el personaje de Antonio Salieri comienza su confesión. En esta versión libre de la historia, el personaje del compositor italiano, ofuscado por la fama y por el “verdadero talento” de Mozart, comete los mayores crímenes dentro del arte: el plagio y la obstrucción necia del buen desarrollo de la carrera de un colega.
Amadeus, la película de Milos Forman, supuso en la época de su estreno todo un vuelco de renovada fama, que cubrió también, de un hilo de misterio al genio de Salzburgo. Los espectadores más avezados, supieron al instante que la película carecía de veracidad histórica, y que los documentos clamaban otras cosas. Los tormentos experimentados por Mozart no fueron responsabilidad de su colega italiano. Lamentablemente, el daño ya fue hecho, y la figura de Salieri quedó empañada de un misticismo y de una mala fama digna de Hollywood. Él fue el ladrón y eventualmente, el asesino de Wolfgang Amadeus Mozart.

Lo que sí vio Forman en esta historia fue un material con grandes tintes de intriga novelesca. Una historia que permitiría cautivar a la audiencia.  Un diamante en bruto. No importa si lo que se ve es cierto, las dos horas y media de duración se justifican por si solas. Lo que no se puede negar, es que la historia de Mozart posee muchos atractivos ficcionales, y el hecho de que hayan puntos sin esclarecer, documentos que se han perdido, testimonios sin verificar, hacen más jugoso el misterio y forman la intriga alrededor de una de las personalidades más llamativas de toda la historia occidental.

Este costado de la personalidad de Mozart responde a la célebre frase “Si Mozart hubiera nacido en el siglo XX hubiese sido una estrella de rock”. Hay un germen en la figura del compositor que crea simpatía con las grandes masas. Mozart no es antipático, tal vez como puede resultar Beethoven, y tampoco era una persona de una moral reprobable, como hoy parece ante nuestros ojos Wagner. Mozart no gozó de grandes beneficios luego de perder su juventud virtuosa, y murió en pos de validar su arte y consolidar su figura dentro de un circuito que le era hostil, como lo era la Vienna del siglo XVIII.
Es la figura de Mozart la que cae en lengua popular, y la que más merecedora se hace del credo del “talento natural”, aquello mismo que Salieri pone como obra de una fuerza celestial. Mozart posee el don celestial, él es el elegido.


Nosotros, que no podemos volver en el tiempo y conocer al verdadero Mozart, debemos conformarnos con los registros que han quedado. Lo importante aquí, es que la figura de Wolfgang Amadeus termina de conformarse de manera personal. En referencia con una gran serie  de animación de los años noventa, y a la manera freuddiana, podríamos decir “te saluda el Mozart que hay en mí”. Cada cuál elige, al igual que con cualquier figura histórica, el cariz y el talante que quiere darle, según su gusto e impresión.

Como ejemplo, nos podemos servir aquí de la imagen de un escritor. Y esta vez el material es declaradamente ficcional. Hablamos de la representación de Mozart que aparece en la novela de Herman Hesse, El Lobo Estepario. Aquí, Mozart es un inmortal, uno de los varios personajes que dialogan con Harry Haller, el alter ego del propio autor.
“Hay bastantes personas de índole parecida a como era Harry; muchos artistas principalmente pertenecen a esta especie. Estos hombres tienen todos dentro de sí dos almas, dos naturalezas; en ellos existe lo divino y lo demoníaco, la sangre materna y la paterna, la capacidad de ventura y la capacidad de sufrimiento (…) Así se producen, como preciosa y fugitiva espuma de felicidad sobre el mar de sufrimiento, todas aquellas obras de arte, en las cuales un solo hombre atormentado se eleva por un momento tan alto sobre su propio destino, que su dicha luce como una estrella, y a todos aquellos que la ven, les parece algo eterno y como su propio sueño de felicidad”.

Hesse realiza varias indagaciones sobre la figura de Mozart, y luego, crea una imagen pícara, vivaz, apartándose del registro histórico y volcando su propia impresión y percepción en la lógica del personaje, mezclando al locuaz Pablo, músico de jazz y libertino, con la figura de Mozart.
En diálogo con Harry, Armanda se pregunta, “Mozart. ¿Qué ocurriría con él? ¿Quién gobernó el mundo en su época, quién se llevó la espuma, quién daba el tono y representaba algo: Mozart o los negociantes, Mozart o los hombres adocenados y superficiales? ¿Y cómo murió y fue enterrado? (…) Siempre ha sido así y siempre será igual, que el tiempo y el mundo, el dinero y el poder, pertenecen a los mediocres y superficiales, y a los otros, a los verdaderos hombres, no les pertenece nada. Nada más que la muerte.
-¿Fuera de eso, nada en absoluto?
 -Sí, la eternidad”.

Si nos servimos de la correspondencia dejada por Mozart, tal vez podemos encontrar una imagen opuesta a la propuesta por Forman. Un Mozart religioso y muy respetuoso por su arte. Tal vez, esta sea una construcción más adecuada al carácter de sus obras ¿Cómo alguien tan irrespetuoso podría ser el creador de piezas tan fantásticas? En algo de esto, se asemeja el razonamiento del Salieri de Forman.

En el Tractac del Lobo Estapario se explica: “Cuando adora a sus favoritos entre los inmortales, por ejemplo a Mozart, no lo mira en último término nunca sino con ojos de burgués, y tiende a explicarse doctoralmente la perfección de Mozart sólo por sus altas dotes de músico, en lugar de por la grandeza de su abnegación, paciencia en el sufrimiento e independencia frente a los ideales de la burguesía, por su resignación para con aquel extremo aislamiento, parecido al del huerto de Getsemani, que en torno del que sufre y del que está en trance de reencarnación enrarece toda la atmósfera burguesa hasta convertirla en helado éter cósmico”.
Forman forma un Mozart algo insulso, discriminadamente iluminado por orden y gracia celestial. Hesse nos propone una versión ficcional, un Mozart eterno, acaso uno de esos individuales que componen la cultura occidental y que nunca la abandona.

El cariz dramático de Mozart era gigantesco, y esa característica, a menudo tan olvidada por los intérpretes, es algo que le adjudica gran valor e interés a su música. En sus composiciones hay un fuerte contenido dramático, ese componente que surge del contraste, de dos o más fuerzas que dialogan entre sí. Un lenguaje que muchas veces, trasciende y supera a la palabra, pero que nunca deja de comunicar, de afectar a quien lo escucha. A esto se refería Nikolaus Harnoncourt cuando habla del claro oscuro mozartiano. Una música que posee tanto luz como sombra, y que este rasgo merece ser tenido en cuenta.


En “El diálogo musical”, Harnoncourt elude al llamado cuarteto de la muerte que tiene ocasión en Idomeneo, una de las óperas compuestas por Mozart antes de llegar a sus treinta años. Aquí, la historia se hace patente en la vida de Mozart, ya que el conflicto padre e hijo sucedido en escena es una traducción de la relación del propio compositor con su padre.
En este quinteto los personajes enuncian:

Iré errante, solo; buscando la muerte, en cualquier lugar, hasta que la encuentre.
(…) Serena tu airado gesto, ¡Ah! ¡Se me parte el corazón!
No es posible sufrir más, peor que la muerte, es un dolor así.
Más fiera suerte, mayor castigo, nadie ha probado.

Se hace patente en esta escena el desconsuelo ante lo inevitable. La orquestación y las texturas logradas por Mozart refuerzan los tormentos sucedidos en escena. Al articular la frase “Soffrir più non si può”, los cantantes lo hacen sin acompañamiento orquestal, reforzando una idea de soledad ante el dolor. Cuando la orquesta retoma su parte, lo hace con un acorde diminuido, lo cual refuerza la sensación de tensión. Luego, al momento de decir “Ah il cor mi si divide”, los cantantes lo hacen con notas cortas interrumpiendo la línea melódica indicando agitación y una clara relación con el latir del corazón. Estas son alusiones puramente interpretativas y retóricas, pero que encuentran su correlato con el accionar dramático. Por último, en la última sección del cuarteto, Idomeneo da comienzo a un motivo fugado, el cual se va imitando en las voces de Idamante, Electra e Ilia. El motivo imitado usa la palabra “sofrir” (sufrir) y al pasar por todas las voces podemos relacionar que el sufrimiento es inevitable para todos los seres humanos, pero que cada quién lo hace a su propia manera y por diversos motivos. Al realizar un procedimiento imitativo, similar a una fuga, Mozart podría estar anunciando la inevitabilidad de la trama.

Mozart confiere un enigma a cómo vemos hoy en día nuestro pasado. Muchas personas han ofrecido interpretaciones a su personalidad, y depende de cada uno elegir qué “Mozart” conviene llevar a casa.
El consenso llega cuando se reconoce que se habla de una de las figuras más llamativas de la historia occidental y que, lamentablemente como muchos de sus colegas, no ha disfrutado de un buen pasar por el plano terrenal ni ha ganado la reputación que se le adjudica hoy en día.
Sin pasar a un plano más ingenuo y naif, podemos analizar lo que tenemos a disposición para sacar propias conclusiones.
Tal vez, la obra que más nos deje una sensación de cierre y breve final, es el Requiem, la última composición realizada por Wolfgang Amadeus, y quizás la más autobiográfica.
Dos versiones puedo atreverme a recomendar. La última realizada por Claudio Abbado en el Festival de Lucerna en el año 2013, y la grabación de Nikolaus Harnoncourt para Sony con el Concentus Musicus Wien. Ambas versiones demuestran que hay diálogo en la música de Mozart, y que dentro de ella hay luz y sombra, verdades alumbradas acaso. Un hermoso claroscuro.
Estas obras merecen un claro reposo y un momento de reflexión para una de las figuras más llamativas de la historia del hombre occidental. Acaso, el amigo que todos hubiésemos querido tener o el hermano que todos hubiésemos querido salvar.














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Thursday, July 23, 2015

Where is Jessica Hyde?

¿De qué hablamos cuando nos referimos a la estética de una serie de televisión? ¿Y a qué nos referimos cuando hablamos de puesta en escena o la dirección de arte?


La dirección de arte es un aspecto muy importante dentro de la realización audiovisual, y muchas veces, donde encontramos los descuidos o las discordancias es en la utilización de la música dentro de una serie o una película. Nos referimos a puesta en escena, no sólo a la disposición de los elementos dentro del cuadro, sino también a la elección del vestuario, locaciones, mueblería, y un montón más de detalles que ayudan a crear el universo simbólico de cada serie o película. Todos esos aspectos deben estar en concordancia y trabajar juntos, para reforzar el mismo significado y ayudar a la construcción e identificación de los personajes y de la trama.

Utilicemos tres series diferentes que han ocupado mi  atención en estos últimos meses. Me refiero a Game of Thrones, Utopia y Vikings, respectivamente. Sus argumentos son distintos, y sus estilos  y estéticas, mucho más. Las tres tienen rasgos en común y públicos muy diferentes, pero se pueden comparar entre sí, gracias a la música y su utilización para crear dentro de una historia ficticia, un universo de sentido propio.

Game of Thrones es una serie que hoy en día causa furor. Tal vez sea el título que más fanáticos moviliza en la actualidad alrededor del globo, y es lo que más sorprende, ya que se trata de una serie de género fantástico, pero claramente, con muchos rasgos del medioevo propio.
Una cruza de historias fantásticas, con alto contenido de traición, engaño y maldad, Game of Thrones (GOT) funciona en base a lo peor de los instintos humanos. Hemos analizado la utilización de la música en esta serie, pero podemos ampliar un poco más aquí, y es que, justamente GOT es el ejemplo que más paradojas posee. Acaso nos sorprende el nivel de crueldad y las sorpresas reservadas dentro del argumento, porque los personajes y sus contextos remiten a distintos períodos de la historia de la humanidad.

Cuando nos referimos a la música de GOT, no podemos referirnos al folclore de algún país o zona geográfica en particular, ni tampoco a ciertos instrumentos. La utilización de la música pocas veces ha servido aquí, para reforzar una identidad propia del universo fantástico creado por George R. R. Martin, sino que solamente, ha podido acompañar las imágenes de forma pobre, y a veces, sin sentido. La desventaja de GOT es justamente esa, su universo está tan vinculado a la historia real, que no puede terminar de forjar su identidad, su folclore, su propia cultura. Todo nos sabe entonces, a versión libre de la historia de la humanidad.

En Vikings, una serie situada en personajes históricos, la música brinda un contexto situacional, refuerza la cultura de los personajes y sus costumbres. No escuchamos instrumentos modernos, si no, bandas que tratan de ejecutar el folclore tradicional de las zonas escandinavas. Aquí, es un logro de la producción, la participación de bandas europeas especializadas en los estilos antiguos del llamado, folclore pagano (pagan folk), como Wardruna.
Lo que la mayoría de la audiencia celebra en Vikings es la dosis justa de historicismo y de riqueza argumental. La serie tiene un propósito concreto, documentar y recrear a un pueblo y su época, pero también debe entretener a su audiencia, y engañarla de vez en cuando. Por supuesto, los escritores de la serie deben poder ingeniarse y guardar algunos golpes de efecto, ya que el destino de la serie y sus personajes se encuentra a dos clicks de distancia por medio de cualquier enciclopedia web.


Colores fluo, efectos psicodélicos y una estética de supermercado de pesadilla, en Utopia, el futuro es el presente y ya no presenta una visita al pasado, si no, a un futuro muy próximo, que espera a la vuelta de la esquina.
La dirección de arte en Utopia no tiene el propósito de pasar desapercibida, como aquellos detalles listos para ser notados por el espectador más ducho y atento. En Utopia, la serie es la dirección de arte, y está al servicio de transmitir una sensación de falsedad y de plástico, de futuro probeta. Una estética tecno que se impregna en la ropa, los muebles, los autos y todo a su alrededor. La música aquí, cumple un rol fundamental, ya que las composiciones realizadas por Cristóbal Tapia de Veer, acompañan y refuerzan esa misma estética fluo e incandescente. Los sonidos sintetizados dejan paso a voces procesadas, órganos y diferentes tipos de texturas que juegan en base a diferentes motivos musicales que vuelven según los personajes y a situaciones específicas que se muestran en pantalla.
En Utopia todo forma parte de un mismo molde, uno que debiese ser roto, pero que nadie puede transgredir. Una sensación de incomodidad y rechazo invade a la audiencia constantemente. Los sonidos aturden, los colores encandecen y la moral se retuerce al plantear sucesivamente los dilemas morales que nadie quiere sacar a colación.

Las tres series ponen al espectador en una ardid diferente. Vikings y Game of Thrones corren con la ventaja de que el espectador puede tomar distancia de ellas, ya que funcionan en la fantasía y en un historia que ya quedó en los libros. Utopia, en cambio, presenta problemas que aquejan a parte del mundo hoy, y que si no fuese por su estética tan llamativa, debería poder tomarse más en serio.


El contenido simbólico de estas series varía y no se presenta  del mismo modo en todas. Vemos de a poco, que cada aspecto  ayuda a reforzar o a difuminar el contenido tratado, como si todo lo que se muestra y se pone en escena tuviese una contraindicación. Lo que no percatan y controlan los realizadores, será un escape y un hueco dentro del contenido del resultado final. 
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Saturday, June 20, 2015

Teatro Total

“¿Quieren el teatro total?”
Así comenzaba Mauricio Kagel una conferencia dictada en los Cursos Internacionales de Música Contemporánea de Darmstadt, Alemania, un lugar que ha sabido ser el epicentro de la discusión sobre la composición contemporánea del siglo XX.

Kagel marcó una amplia diferenciación entre el teatro total y la ópera, tratando de ampliar el género en busca de nuevos espacios y lenguajes, hacia los costados inexplorados por sus antecesores.
Momento paradójico vivimos ahora en el siglo XXI, lejos de la concepción teatral de Kagel, pero donde la ópera busca reavivar inquietudes en el público y sus gestores tratan bien, de alejarla a los nuevos públicos o bien, de acercarla, en carácter formativo y pluralista.

Fue reciente la noticia en ElPaís, donde remarcaban la exitosa temporada vivida por Broadway, meca del musical (o calle de oro del teatro), acaso un hermano “menor”,  y que goza de más popularidad y salud hoy en día, que la ópera. La sorpresa radica en el hecho de que, mientras las grandes casas de ópera se ven obligadas a difundir sin tregua sus programaciones, a realizar puestas en escenas atractivas para públicos que no están familiarizados con el género, y en muchos casos, con la mala economía de la que goza un género de alto grado de costos. Midiendo en términos capitalistas, el musical es un éxito y la ópera un fracaso, en base a sus ingresos y su rédito económico. Así se podría decir que la ópera es un fracaso y el musical, un suceso.

Tanto el teatro musical, como la ópera o la comedia musical, pertenecen al  género teatral y poseen tanto música como escena en sus características, pero no son exactamente lo mismo. O en todo caso, sus públicos no son los mismos.


Podemos observar diferentes gestiones, y diferentes esfuerzos en la escena operística de la Argentina. La actual temporada del Teatro Argentino se anima a buscar nuevos públicos para un género que en anteriores años no ha podido captar la atención suficiente como para llenar su sala. La pregunta en este caso sería si errores de antiguas gestiones obligan a replantear la organización de un ente estatal, que funciona en base a los impuestos de toda una provincia. El Teatro Colón, trabaja en otra vereda, acaso más tradicional. Entradas a valores altos con mayor recepción del público en los títulos “tradicionales” y sala a medio llenar en los títulos que suponen una novedad. El parámetro cambia, cuando se habla de logro artístico o de logro económico. La ópera, tanto como el arte en sí, en términos políticos, resulta más una incógnita que una respuesta.


Por lo pronto, la pregunta de Mauricio Kagel sigue vigente, y como decía Fígaro, en la célebre ópera que Mozart y Da Ponte supieron moldear “Para terminar felizmente y a la usanza teatral, una escena matrimonial,  ahora haremos seguir”.
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Monday, May 11, 2015

Mayo y ópera

Por el momento me encuentro en un período fuera de la "máquina de escribir".
Hasta que los próximos artículos lleguen (uno sobre Mozart y otro sobre la música de las series de moda) me permito invitarlos a escuchar los domingos del mes a las 18hs Radio Sofía de la ciudad de La Plata, FM 95.3 (Por internet aquí). Junto a Laura Ferrarini, quien generosamente me invitó a su programa, hablaremos sobre Ravel, Couperin, Bach, Mozart y Monteverdi.
También, quedan invitados a ver la cuarta producción de La Compañía Itinerante, Il Signor Bruschino, ópera bufa de Gioachino Rossini.


Domingo 17 de mayo – 19hs –
Domingo 24 de mayo – 20:30hs –

Teatro El Bombín, calle 59 n° 886 entre 12 y 13, La Plata.
Reservas al Reservas al (0 221) 421 2920.

Más información: http://bit.ly/eventoBruschino

www.companiaitinerante.webs.com
www.facebook.com/citinerante
itinerantecompania@gmail.com

Monday, March 30, 2015

Eroica

Luego de varias vueltas, terminé viendo casi por azar Eroica, una película producida por la BBC que muestra la primera interpretación de la tercera sinfonía de Ludwig van Beethoven.

Si existiese una máquina de tiempo ¿qué momento histórico sería digno de observar en carne y hueso? Ciertamente, este momento tan particular de la historia de la música, sería digno de ver en persona. Las reacciones de los contemporáneos de Beethoven pudieron distar mucho de las reacciones que, por ejemplo, tendría hoy en día, un público que nunca antes escuchó en concierto esta sinfonía ¿Quién sabe? Probablemente haya chances de que las reacciones fuesen muy similares. Ése será tema para otra ocasión.

La sinfonía Eroica, primero conocida como Bonaparte, significó la consolidación del estilo propio de Beethoven. El gran cambio que trajo esta obra fue el desarrollo de la forma, la cual es mucho más extensa en duración que sus predecesoras, las genialidades armónicas y dificultades de las partes individuales de cada instrumento, y por último, la exploración y uso radical de la articulación. Éste puede ser uno de los factores que logran diferenciar a Beethoven de sus coterráneos, su uso, extravagante para la época, de la articulación y su incidencia en el timbre orquestal, logrando combinaciones insólitas.

Pasando por arriba el análisis estrictamente musical, vayamos a la película; a la otra Eroica. Momentos antes de reanudar la segunda y última parte de la velada, vemos la escena donde Beethoven habla en privado con Josephine y le confiesa a ésta, sus planes futuros como pareja.
Bien es sabido que el músico de Bonn nunca tuvo buena suerte con las mujeres, y esta escena demarca un fracaso más en su vida amorosa. El dueto trágico entre Josephine y Beethoven es interrumpido por el aprendiz de éste. La segunda parte proseguiría en instantes, y será con el Scherzo, una broma musical. Y como es digno en Beethoven, una broma pesada, y casi de mal gusto.   
La orquesta comienza mientras Beethoven aún sigue en la sala apartado junto a Josephine. Aquí escuchamos y vemos a la vez un retrato del compositor. Es su carácter lo que se escucha, sus sentimientos, su rabia y frustración, pero también su ingenio y dedicación. El Scherzo resulta una mala broma para Beethoven y para la audiencia. Para él, por la incomprensión y por la frustración de lo que no lograría ser jamás, un aristócrata; y para ellos, la imposibilidad de comprender el nuevo estilo musical que se estaba gestando ante ellos.
Lo que resulta más interesante es la doble exposición de los sentimientos del protagonista. Allí está él, sólo, frente a su amada, la cual no corresponde a sus sentimientos. Como un eco distante, suena su música, su genialidad, su esencia más profunda. El Beethoven completo, sincero, tiene entrada aquí en la obra, quien se ve y se escucha, es él mismo. Afuera, espera la sociedad, la negación y la privación de las emociones sinceras. Los esperan las barreras, la imposibilidad de pertenecer a algo que les está vedado socialmente.

 La película Eroíca supone una fiel reconstrucción de los hechos, y aporta además, una interpretación creativa con instrumentos de época. Si bien, la película se encuentra en terreno intermedio entre documental y película, puede ser de ayuda a la hora de entrar en el estudio de la vida de Ludwig van Beethoven.   


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Sunday, February 22, 2015

Con B de ...

Hoy la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas entregará los Óscars nuevamente.

Aprovechando este momento de luces, ruidos y festejos, hagamos un breve repaso de dos de las películas favoritas, tanto en el rubro como Mejor Película, como al Mejor Director.         
               
Boyhood y Birdman se consolidan casi como antípodas de un mercado volátil y regido por las reglas comerciales. Más allá de las preferencias que cada uno pueda tener, aprovechemos la ocasión para analizar la música que aparece en ambos rodajes.

En el caso de la película de Richard Linklater, el montaje aprovecha la música para reforzar los cambios de calendario mientras los años van pasando, en la vida, y en la película. Como es sabido, Boyhood muestra, durante doce años de registro audiovisual, los cambios físicos de los actores que participan de la película. Con cada secuencia nueva, suena una canción de moda, insignia del nuevo año. Podemos escuchar algunos “hits” del momento y esto nos ayuda a entrar en clima y, muy disimuladamente, a entrar en la ficción y creer que estamos en el 2002, cuando Blink 182 estaba en pleno auge de su fama, o cuando Lady Gaga irrumpió el mundo. Linklater no solo nos muestra a los actores como si realmente estuviesen viviendo su vida, sino que además, se apropia de los símbolos de cada año, de aquello que a nosotros mismos nos hace recordar a esos tiempos pasados y a lo que pudimos escuchar en la radio o en la tele. Así, la realidad parece estar en la pantalla, y en los parlantes.


Birdman, la otra b del asunto, se anima a un poco más y aquí podemos realizar un ejercicio didáctico sobre la música diegética y la extradiegética. Vocablos propios de la tarea cinematográfica, la música diegética es aquella que proviene de la escena (ej. en un casamiento, suena un trío de Beethoven tocado por tres músicos que se ven en la pantalla), y extradiegético como aquella música que proviene de fuera de escena (ej. la famosa secuencia de “El Danubio Azul” en 2001: Odisea del Espacio). Podemos escuchar durante gran parte de la película, una batería acompañando el devenir de la acción, casi como representando un fallido club de la comedia. Finalmente, en un guiño hacia la audiencia (¿acaso era todo una farsa?), podemos observar durante uno de esos interminables plano secuencia (un pequeño homenaje a Stanley Kubrick, supongo), a un baterista tocando dentro de uno de los cuartos del teatro dónde transcurre la acción en Birdman. Finalmente, toda la música que creíamos fuera de escena, estaba dentro del set (o al menos por un breve momento).
Parecerá un dato mínimo, pero teniendo en cuenta la estética planteada y el cariz del guión, este detalle puede no ser tan irrelevante como parece.
González Iñarritu decide jugar con dos opuestos. La batería acompañando libremente, como improvisando, todos los movimientos fuera del escenario, ese lugar donde los actores juegan a ser a no ser ellos mismos. Y dentro de éste, escuchamos fragmentos de sinfonías de Tchaikovsky y otros tantos clásicos de la música sinfónica.  
En una de las últimas escenas sobre el escenario, cuando la trama está en pleno desenlace, suena el lied compuesto por Gustav Mahler  Ich bin der Welt abhanden gekommen, o en su traducción, Me he retirado del mundo, el cuál reza en su principio (y lo que se llega a escuchar con claridad en la película): He abandonado el mundo, en el que malgasté mucho tiempo, hace tanto que no se habla de mí ¡qué muy bien pueden creer que he muerto! (…)
¿Coincidencia? Nada que suceda en el cine debe ser dejado al azar. La puesta en escena se construye no solo visualmente, sino también, de manera sonora.

¿Quién ganará el Óscar? No lo sé.

¿Eso significa algo? No demasiado. Por lo pronto, brindemos por el cine que nos gusta y nos hace disfrutar de una experiencia enriquecedora. 
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Tuesday, January 20, 2015

“Su voz es un reino”.

 “De niño, cantaba. Cuando era adolescente, como todos los  adolescentes, mi voz se quebró. Quedó como ahogada, perdida. Me sumergí con pasión en la música instrumental. Hay un lazo directo entre la música y el cambio de voz. Las mujeres nacen y mueren con un soprano que parece indestructible. Su voz es un reino. Los hombres pierden su voz de niño. A los trece años enronquecen, cacarean, balan. Es curioso que nuestra lengua  diga todavía que cacarean o balan. Los hombres están  entre los animales cuya voz se quiebra. En la especie, conforman la especie de los cantos a dos voces.
A partir de la pubertad se puede definir como humanos a aquellos a quienes la voz los abandonó como una muda.
En la voz masculina, la niñez, el no-lenguaje, la relación con la madre y su agua oscura, con el cerramiento del amnios, luego la obediente elaboración de las primeras emociones y finalmente la voz infantil que atrae al lenguaje materno, son la piel de una serpiente.
Entonces los hombres cercenan las bolsas testiculares e interrumpen la muda: es la voz infantil para siempre. Son los castrados. O bien los hombres componen con la voz que han perdido. Recomponen tanto como pueden un territorio sonoro que no se transforma, inmutable.
O bien los hombres suplen con ayuda de instrumentos el desmayo corporal y el abandono sonoro que los sumergió su voz enronquecida. Recobran así los registros agudos, a la vez pueriles y maternales, de la emoción naciente y de la patria sonora”.


Me permití citar a Pascal Quignard en una bella descripción acerca del cambio de voz que los hombres experimentan durante la pubertad.     

El Odio a la Música fue editado en la Argentina por la editorial El Cuenco de Plata y es una lectura que me permito recomendar para estos días veraniegos.
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